Villa María, 27 de Mayo de 2008
Sr. Intendente de la ciudad de Villa María
Eduardo Accastello
Sr. Presidente de
Gerardo Russo
Sra. Directora del Museo Municipal de Bellas Artes
Fabiana Romano
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De mi mayor consideración:
Por medio de la presente sigo los pasos formales para elevar una queja como contribuyente del Estado Municipal de Villa María, ante una acción que han llevado adelante los funcionarios que administran la política cultural de la ciudad y que me inquieta y me afecta particularmente.
Luego de un gran esfuerzo y de una fuerte gestión cultural, desde hace un año abrí en esta ciudad la primera galería de arte: Los Cuatro Gatos, situada en Chile 256, pleno centro de la ciudad. He logrado que este espacio (y por ende esta ciudad), haya tomado tal relevancia y consideración, que artistas de la plástica consagrados internacionalmente se sumen con su presencia y su obra al calendario anual.
La capital provincial tiene hoy incorporado en su circuito de exposición y venta de obras de arte a Los Cuatro Gatos. A tal punto que la galería fue convocada para realizar en Julio de este año una muestra en conjunto con el Paseo del Buen Pastor. Los mismos artistas, 16 en total, estarán aquí y en la capital provincial de manera simultanea.
Este hecho es altamente gratificante, ya que, desde mi humilde lugar, solo pretendo, no éxito, pero si una aceptación que vuelva razonable los esfuerzos empleados.
En unos pocos días, el 6 de Junio, a través de mi gestión, se presenta en Villa María el libro del reconocido dibujante e ilustrador Hugo Bastos, actividad que he cedido en su espacio de realización y tendrá lugar en
Todos estos datos los expongo a los fines de citar ejemplos que demuestran mi prolija y comprometida labor para con el hacer cultural de Villa María, su gobierno y su gente.
Pero lamentablemente debo decir que en los últimos días me he sentido profundamente vulnerada en mi carácter de ciudadana, de actora cultural y de contribuyente del estado local, a partir del accionar de los administradores de
Como es de público conocimiento, comenzó a desarrollarse en el primer piso de dicho edificio una actividad denominada “Villa María + Vanguardia”, donde se ha permitido que un empresario privado (de quien llamativamente no se quiso dejar trascender su nombre desde el organismo oficial que lo cobija, pero que obviamente ya se sabe que no es alguien vinculado al arte) efectúe no solo una muestra de arte dentro del mismo museo, sino la venta de éstas obras.
Es evidente que, funcionalmente (refiriéndome a su finalidad institucional) los centros culturales, los museos y demás espacios financiados por los gobiernos, no pueden vender ni promocionar la venta de obras de arte. Para ello estamos los comercios que legalmente nos encontramos inscriptos y habilitados para tal fin, y tributamos al estado por llevar a cabo esa actividad.
Sólo como un antecedente similar en la materia, aunque con otras características, traigo el ejemplo de lo incompatible y nada ético que resulta la connivencia entre el mercado privado del arte y las políticas culturales públicas. En su momento, cuando Marcela Santanera, propietaria de la galería Espacio Centro de la ciudad de Córdoba, fue designada a ejercer un cargo dentro del Museo Provincial Emilio Caraffa, tuvo que cerrar las puertas de su galería. A posterior, para continuar con su proyecto particular, previamente debió renunciar al puesto público que ocupaba en dicho Museo.
Ahora bien, propongo que analicemos y estudiemos esta situación... y por favor no perdamos el objeto último de todo estudio: nos acercamos, buscamos información, queremos conocer las diversas situaciones, para luego CORREGIRLAS.
Pensemos concretamente en mi caso: Para poder abrir esta galería de arte que tanto me cuesta sostener, he realizado todos los pasos legales e impositivos que me permiten estar donde estoy: Pago impuestos municipales que me habilitan para la venta de obras de arte, Ingresos Brutos a la provincia y soy contribuyente de
También invierto tiempo y recursos propios en capacitarme concienzudamente para la venta de arte, que no es un rubro comercial como cualquiera. Y semanalmente viajo a Córdoba y otras ciudades para contactar artistas de prestigio que puedan traer su arte hasta Villa María.
Todo esto lo hago a riesgo personal, con empeño, sin grandes capitales ni inversionistas detrás, y pensando en darle a la ciudad de Villa María un espacio que la prestigie y con el que no contaba hasta hace un año.
Pero viendo ahora que existe la posibilidad de generar un mercado de arte dentro del Centro Municipal Cultural de Villa María, que no sólo facilita las instalaciones que son de todos los ciudadanos, sino que permite evitarse todos los costos mencionados, se utilizan recursos en difundir la actividad a través de invitaciones personalizadas impresas y por correos electrónicos, además de tener a su disposición el organismo oficial de prensa del gobierno municipal, la pregunta se cae de madura: ¿Para qué pago todo lo que pago y hago el esfuerzo que hago, si puedo hacerlo gratis y sin esforzarme tanto, desde ahí adentro? O bien puedo estar encuadrada como comerciante de un rubro cualquiera y vender arte cuando se me ocurra. Creo que no se entienden los fines de esta Institución Cultural Municipal...
Ahora que ya lo sé y todos lo saben, supongo que será sencillo: Voy, pido una fecha, de paso le quito lugar a los que en realidad deberían estar ahí (los nuevos pintores, escultores, artistas en general que necesitan del acompañamiento del estado municipal en su rol de difusor y promotor de la cultura local), pago un pequeño alquiler de sala, o no y listo. Excelente negocio para mí y para un montón de gente más que querrá hacer lo mismo, sin tener que correr tantos riesgos. Es imposible imaginar que alguna otra persona colabore con el circuito artístico abriendo otra galería en la ciudad, si tiene como competencia directa al mismísimo Estado Municipal.
Aquí es donde cabe conceptualizar el término INDUSTRIAS CULTURALES, que se definen como “entes que se ocupan del proceso de conexión entre el productor de contenido/obra y el público, y se caracterizan por perseguir fines de lucro”. Por esto, jamás debe situarse a las POLÍTICAS CULTURALES, que son función del estado en todos sus niveles, en la misma órbita de las INDUSTRIAS CULTURALES, ya que persiguen desenlaces opuestos, a menos que, dicha política priorice el carácter económico dentro de su gestión.
Y la pregunta puntual sería: ¿Cómo van a hacer para regular la venta de arte, o de lo que fuere, dentro de este Centro de
Este hecho es como una fotografía que nos muestra lo que hay... y cómo está funcionando. Pero es insuficiente. Lo que aún no está sucediendo y que específicamente estoy reclamando, es que se tomen decisiones en función de esta situación. No puede sostenerse en un espacio cultural social y comunitario una iniciativa privada con sentido de lucro, siendo que afecta directamente a los actores particulares que realizamos bajo nuestro propio riesgo dicha actividad.
Para finalizar, voy a tomarme el atrevimiento de utilizar palabras de la licenciada Paula Beaulieu, coordinadora de
Sin otro particular, les saludo atte.
MARINA BOSSA
Directora de Los Cuatro Gatos
Chile 256, Villa María
Tel. (0353) 454-9256
(Dos copias de esta carta fueron entregadas en la fecha arriba indicada en las oficinas de la Intendencia y de la Universidad Popular)